Sometido a menudo a duras pruebas por distintos procesos de transformación (efímeros o permanentes), tu cabello, y más en particular los largos, lo pasa mal… ¡y a veces se nota! No es de extrañar que nos quejemos tan a menudo de tener el cabello seco, áspero, dañado….
Para remediar al menos en parte estos problemas, que son muy frecuentes, es importante distinguir el cabello seco del cabello desnutrido. Un cabello seco necesita agua, mientras que un cabello desnutrido necesita aporte graso.
A menudo se confunden, pero el aporte graso y el aporte de agua son dos respuestas distintas a dos problemas capilares distintos. En este artículo, LAO te explica qué los diferencia y cómo entender las necesidades de tu cabello para cuidarlo correctamente y de forma natural.
¿Qué es el cabello dañado?
Tras el uso repetido de aparatos de calor, de coloraciones o decoloraciones químicas o de permanentes, el cabello se debilita y pierde vitalidad. Se obtiene entonces un cabello apagado y en mal estado, seco o desnutrido.
Lo ideal para evitar dañar el cabello en un primer momento es, evidentemente, cortar el problema de raíz (¡adiós a las permanentes, a las (de)coloraciones agresivas y a los aparatos de calor!). Pero para quienes no están dispuestos a guardar la plancha en el armario, ¡hay otros gestos diarios que adoptar!
En cuanto a productos, el cuidado que hay que cambiar antes que nada, por ser el más utilizado y el más importante para tu cabello, es el champú. Un champú químico compuesto de sulfatos (decapantes), siliconas o quaterniums (filmógenos) solo acelera el deterioro de tu cabello, ya sea seco o desnutrido.
Da preferencia, por tanto, a un champú natural y suave que limpie sin alterar demasiado la capa de sebo que necesitan tu cuero cabelludo y tu cabello para estar sanos. El sebo no debe ser tu enemigo: forma una barrera protectora necesaria (tanto en la piel como en el cuero cabelludo y el cabello).
El aporte de agua: para el cabello seco
El uso repetido de aparatos de calor como la plancha, el rizador o el secador va a dañar la estructura de tu cabello y resecarlo. Estos aparatos alteran la cutícula del tallo del cabello, lo que provoca la apertura de sus escamas. Una vez abiertas, la queratina deja de estar protegida y el cabello será menos suave, menos brillante y retendrá peor el agua.
Por eso el principal problema del cabello seco es su porosidad especialmente alta. Imagina las escamas de tu cabello abiertas como las púas de un erizo: por más que el agua penetre, vuelve a salir enseguida porque las escamas ya no se cierran y ya no retienen el agua.
Por tanto, hay que cambiar toda tu rutina capilar antes de aplicar cuidados a base de agua:
- Limitar o incluso dejar de usar aparatos de calor (de lo contrario, aplicar antes un cuidado protector)
- Dormir sobre una funda de almohada de seda, para limitar la fricción y el deterioro del cabello
- Cepillar tu cabello con delicadeza, de las puntas a las raíces
Una vez adoptada tu nueva rutina, es necesario aportar agua a tu cabello. Puede empezar por dentro, bebiendo más (¡aunque este tipo de aporte de agua no hará milagros en los largos!).
Como cuidado externo, te aconsejamos, por ejemplo, mascarillas de aloe vera (muy ricas en agua).
Al principio, para ayudar a tu cabello a repararse y a cerrar sus escamas, puedes hacer un aclarado ácido después de la ducha, con vinagre de sidra por ejemplo, como se explica en este artículo. La acidez del vinagre se parece a la del pH del tallo de tu cabello (pH = 4-5), por lo que le ayudará a sellar todos los cuidados que le hayas aplicado antes.
¿Cómo saber si mi cabello está seco?
Para saber si tienes el cabello seco, puedes fijarte en el aspecto de un cabello seco: su alta porosidad. Es muy fácil conocer la porosidad de tu cabello: basta con colocar uno de tus cabellos en un tarro de agua transparente, como se ve a continuación:
¡Si tu cabello se queda en el fondo del tarro, es que a tu cabello le falta agua!
El aporte graso: para el cabello desnutrido
Un cabello al que le falta aporte graso es un cabello frágil, quebradizo y con puntas abiertas. Las transformaciones químicas del cabello, como las coloraciones, decoloraciones y permanentes, han reducido la cantidad de sebo del cuero cabelludo. Como el sebo es el mejor aporte graso natural para tu cabello, en su ausencia este se debilita y se rompe.
El cabello rizado y grueso sufre mucho este problema, por su propia naturaleza, porque al sebo le cuesta repartirse hasta los largos. Combinado con malos tratos, el cabello acaba extremadamente desnutrido.
El primer paso para remediar este problema es espaciar los lavados con champú (naturales, como se ha indicado antes); el objetivo es dejar que el cabello se reconstruya con la dosis de sebo que necesita. También tendrás que dejar las transformaciones químicas. (Si quieres seguir haciéndote coloraciones, ¡piensa en la coloración vegetal, menos irritante y decapante para tu cabello!)
Después puedes hacer mascarillas más ricas con mantecas o aceites vegetales. Te recomendamos el aceite de oliva, de cáñamo, de ciruela mirabel, etc. y la manteca de avena. Fáciles de encontrar y fabricados en Francia, se añaden con facilidad a tu rutina capilar para cuidar tu cabello.
Una vez por semana puedes hacer un baño de aceite, pero ojo: este cuidado tiene un nombre engañoso, no se trata de un baño de verdad, sino de solo unas gotas repartidas por los largos unas horas antes de tu champú natural.
¿Cómo saber si mi cabello está desnutrido?
Para saber si a tu cabello le falta aporte graso, nos fijaremos en uno de los rasgos que caracterizan a un cabello desnutrido: las puntas abiertas. Para ello, puedes hacerte dos trenzas, una a cada lado de la cabeza; observarás pequeños cabellos que sobresalen de la trenza, y si ves que se desdoblan en la punta en 2 o 3 ramas, son puntas abiertas. Para remediarlo, nada mejor que cortar los pocos centímetros dañados y cuidar tus largos.

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